Director : Lic. ANDRÉS VERA CÓRDOVA

 

PRINCIPAL

El Regional de Piura
Aral Editores
Hosting y dominio
Literatura regional
Estadística Piura
 
 
 

CUENTOS TALLANES

 

Cuentos tallanes

El libro Cuentos tallanes[1] contiene una colección de doce cuentos cortos y un prólogo titulado Palabras Urgentes. El título del prólogo repite el que fue utilizado por Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz para rotular un famoso manifiesto del grupo “Hora Zero” en 1970[2]. En este prólogo, quizá para rendir homenaje a los poetas de la calle y, también, para recordarnos que la condición cultural peruana no ha variado sustancialmente en los últimos treinta años, Víctor Borrero trata de definir la auténtica piuranidad como una continuación de la cultura autóctona que rescate la “fructífera participación del pueblo”[3]. Las palabras de Borrero resultan hirientes para la menoscabada aristocracia latifundista de la Piura tradicional, hispanista y beata; pero dejan claramente expuesta su actitud intelectual como una filiación manifiesta hacia los intereses de la cultura nativa de raigambre popular: “Se me viene a la mente lo que le sucede a Piura y a su tan pregonada piuranidad. Tema favorito… de aquellos que se gastan ínfulas de eruditos y creen que la historia se resume en árboles genealógicos para ensalzar familias… Los farsantes de la cultura, que plagan, infectan y empañan nuestro ambiente, son los que por mandato de esas clases dominantes vienen difundiendo esa piuranidad que más tiene de mediocre tinglado teatral que de rigor científico y de la que los piuranos deberían cuidarse y avergonzarse, por constituir no sólo una burla, sino un despropósito”[4]. La iracundia se repite en ambos textos, pero también la necesidad de construir antes que la simplista actitud del nihilismo absoluto. De esta manera, ya en el prólogo, Víctor Borrero advierte a los lectores que su obra proviene del contacto con la clase popular y se encuentra adscrita a sus intereses, necesidades, creencias y actitudes.

La aplicación de las unidades de análisis, previstas en este trabajo, ha permitido develar un rico y variado mundo de creatividad técnica y creatividad popular, ya que la presencia sintomática y reiterada de los elementos referenciales tipifica la obra como eminentemente popular. A continuación, se indica y analiza las unidades pertinentes:

I.   Aspecto creativo técnico

1. Técnica lineal (unidades de lugar, tiempo y acción) X

2. Técnica descriptiva                                              X

3. Técnica epistolar

4. Monólogo interior                                                X

5. Flash back                                                          X

6. Racconto                                                            X

7. Vasos comunicantes                                            X

8.Cajas chinas                                                        X

9. Documentalismo

10. Lector comprometido                                          X

11. Realismo mágico                                                X

II. Aspecto creativo popular

1. Alusión histórica                                                   X

2. Referentes geográficos                                          X

3. Vestimentas                                                         X

4. Comidas y bebidas                                               X

5. Lenguaje                                                              X

6. Instrumentos y equipos                                          X

7.Ocupaciones                                                           X

8. Nivel de instrucción                                                 X

9. Conductas sociales                                                 X

10. Creencias                                                            X

11. Actitud ideo/política                                              X

El primer cuento del libro es Tomapampa de Jambur, y en él destaca, dentro del aspecto creativo técnico, el lector comprometido, pues es la estructura sobre la que está tejida la trama verbal: “La verdad es que no me acuerdo cuando nací ni cuántos años tengo, quién sabe por qué me lo averiguas…”[5] son las líneas iniciales y ya se dirigen al co-protagonista lector como un factor interviniente en la obra, a quien se le dirige directamente la información del relato. Todo el cuento está sostenido por el uso de la misma técnica. En el aspecto creativo popular, el referente geográfico es objetivo e inmediato: “…el sitio donde vivo lo conocen por mi nombre, Tomapampa de Jambur”[6], que es una Cooperativa Agraria de Usuarios ubicada en el distrito de Paimas, provincia de Ayabaca, a la que se llega caminando o cabalgando por un hermoso paisaje bajoandino. Las comidas y bebidas quedan especificadas en las líneas que citamos: “…comeremos tamales de maicito serrano, engüeltos en pangas de plátano ahumadas y yucas de Paimas, sancochada, patazca con cabeza de chancho, naparito y habas enzapatadas… y por la tarde tomarás una copa de mallorca como bajamar… a las cinco te servirán un poco de quesillo con miel de chancaca pa’que te endulces la boca”[7], “…da gusto tomar chicha con el calor que hace…”[8]; enumeración de potajes que constituye una antología certera de la cocina popular campesina en las zonas de Piura que lindan con sus áreas andinas. El lenguaje en que se expresa el cacique Tomapampa de Jambur no es nada edificante para la empresa escolar: “acaba de parir una china de un tataranieto mío… chinas de ojos piliches y güena baticola… la demora tá’ en aguaitarles el rabo… yo desollejo chinas tiernitas… me reclaman porque la tengo inflamada de tanto pisarla[9]. La caracterización del lenguaje corresponde a un ínfimo o nulo nivel educativo formal, y lo certifica la propia declaración del cacique: “…más que no haiga andao en escuelas…”[10]. La ocupación del personaje es el curanderismo o la brujería: “Uso las artes de una mesa gentil que fue de mi recontratatarabuelo…shingo tabaco y cañazo en conchitas de nácar…no creas que abuso de mis artes para hacerme de una huambra”[11], por lo que sus instrumentos de trabajo corresponden con las artes propicias para la ejecución de una mesa. Las creencias de Tomapampa de Jambur se encuentran sustentadas en el conocimiento popular producido por el curanderismo y ligadas con su función de brujo: “…leche de cabra que tomo, endulzada con yupisín de algarroba…como hígado de tejón, lo preparo como un guiso con raíz de huanarpo, hartas cebollas y uno que otro diente de ajo…también el corazón de la putía es güeno…pero más mejor es el de la colemba de rabo negro…”[12]; son algunas de sus recomendaciones secretas para mantener vigente el vigor sexual. La actitud ideo/política se manifiesta en dos direcciones. La primera tiene que ver con el entendimiento y resignada e interesada aceptación de un poder judicial parcializado y protector de intereses particulares: “…después de todo el juez es mi nieto y por juerza tiene ques tar de mi parte…”[13]; manifestando así su crítica de la corrupción institucional pero sin expresar ninguna intención ni interés personal de actuar para modificar la anomalía señalada. La segunda dirección tiene que ver con la íntima y poderosa necesidad de mantener viva la cultura autóctona que él representa: “Yo siempre juide el cacique Tomapampa de Jambur, ende el tiempo que las piedras eran blandas, cuando los gentiles y lo seguiré siendo hasta que se pierda el mundo. Mi destino es hacer churres y más churres…”[14]. El cacique Tomapampa de Jambur se conceptúa como un símbolo que mantiene vivo el pasado y proyecta la continuación de su cultura engendrando hijos de manera indetenible. Su práctica sexual incontinente es una actitud política coherente con su interpretación ideológica: el pueblo tallán no morirá mientras se engendren más y más hijos del pueblo.

El segundo cuento de la colección se titula Ojo hondo y está dedicado al profesor y escritor Genaro Maza Vera. La construcción creativa técnica reposa, una vez más, sobre el lector comprometido, salvo el último fragmento, donde aparece el autor omnisciente. A lo largo del tejido narrativo aparece, también, como una cuña que apuntala la estructura del cuento, el uso de la descripción. De acuerdo a los datos que brinda la lectura, Ojo hondo es una especie de entelequia colmada de experiencia y sabiduría: “Ahora eres como Ojo Hondo, lo ves y lo sabes todo…”[15], o divinidad eterna y todopoderosa a la que se debe respeto y temor. El lector/protagonista del cuento resulta ser un hombre del pueblo, campesino, agobiado por las desgracias y la pobreza: “Mojarás la tierra con sudor y llanto y harás una masa amarga y pegajosa… Mal año cholo cuando suena el viento como yucún… Mal año cholo cuando la tierra se reseca… Llorarás cholo como llorabas de niño… Mal año cholo y tus bestias morirán caminando en círculos… Acuérdate que tú también tienes huesos y pellejo pegado a los huesos, ya no hay pulpa, porque el año es malo cholo malísimo”[16]. El evidente origen de las desventuras del cholo que representa de manera genérica a un protagonista/lector de condición popular es la eterna queja del campesino piurano por la sequía que frustra su intención productiva y genera carestía y pobreza. El tratamiento verbal del texto sugiere un ámbito donde la subjetividad y lo inconcreto son referentes inevitables; creando, por lo tanto, un espacio metafísico donde se abunda en generalidades, de carácter popular, pero sin especificar detalles identificatorios. La sensación maligna y oprobiosa del hombre golpeado por una naturaleza insensible y cruel, se libera de manera repentina y luminosa con el advenimiento del aguacero intenso y consolador con que termina el texto. La reconciliación, a través del agua purificadora y celestial, entre divinidad misteriosa, naturaleza y ser humano.

El tercer cuento se titula Mejor no hubiese vivido y es muy breve, apenas dos carillas y media. El aspecto técnico creativo utilizado corresponde al realismo mágico, pues se trata de un diálogo sostenido entre mujeres muertas que recuerdan el pasado como si fuera futuro. En realidad, el diálogo acontece en un periodo intemporal, donde pasado, presente y futuro coexisten misteriosamente, brindando la impresión de un estado de total indiferencia respecto a la verdadera dimensión temporal. La hipótesis de Víctor Borrero parece resumirse en la interrogante ¿qué importa en la muerte la precisión distintiva entre pasado, presente y futuro? Y esta misma hipótesis arroja la terrible y dramática comprensión del absurdo de la existencia que da título a la narración. En cuanto al aspecto creativo popular, el rasgo más saltante corresponde a las creencias populares sobre las historias de aparecidos y ánimas en pena que vuelven al mundo de los vivos en ciertas especiales épocas del año: “Por fin llegó el cura y se colocó al pie de la cruz mayor. El panteón no cabía de gente, era el día de las velaciones”[17]. Con estas expresiones se cierra el cuento y se devela que la conversación entre las mujeres muertas ha acontecido en un cementerio justamente en el día de las velaciones; fecha en la que los sectores populares piuranos acuden masivamente a los cementerios para rendir culto a sus muertos, abrigando la secreta esperanza de poder reencontrarse con ellos. De esta manera, se confirma una vez más la presencia de lo popular en la obra de Víctor Borrero Vargas.

El siguiente cuento, titulado Promesa, es aún más breve que el anterior, pues sólo consta de una carilla y media. La construcción técnica es lineal, respetando las unidades de lugar (todo acontece en un sólo lugar), tiempo (la secuencia repite la fluencia temporal del presente hacia el futuro) y acción (el dolor que produce a un hombre la muerte súbita de su mujer). El tema es sintomático y doloroso: el hombre, que es un campesino (“…traía entre sus manos ásperas y callosas…”[18]), ha ido a enfrentarse con su tradicional contendor para conseguir arrebatarle una decisión que puede cambiar el rumbo y la condición de su propia vida. Le ha ofrecido a su mujer volver con la ansiada prenda y lo consigue, pero la encuentra muerta (“…Felipa, mira ya tenemos los papeles, por fin el patrón nos firmó la escritura, ya nada le debemos, esta tierra es nuestra y aquí descansarás, para siempre”[19]). El tema no puede ser más raigalmente popular, se trata de la ilusión más preciada del pobre: ser propietario de su tierra. Claro que la actitud ideo/política se expresa a través del sarcasmo: se consigue la tierra pero sólo para descender como cadáver a su interior. De alguna manera subyace la idea de que el pobre no podrá jamás gozar de la posesión ansiada, pues la muerte le aguarda en el camino para impedir su felicidad. La desgracia concebida y expresada como fatalidad irremediable acechando al pobre.

Sanantuco es el quinto cuento de la colección y un precioso motivo para este comentario. La estructura literaria ha sido elaborada con descripciones (“Las uñas brillantes ocultando la oscuridad del miedo, moviéndose rápido en la encharolada mesa…”[20])  raccontos (“Tú que estás allá, me decía la Simona, la pobre de mi mujer con siete meses de embarazo, lo sabrás todo, dime, a qué te sabe todo eso. A nada, uno se acostumbra, huelo a tabaco y a pisco…”[21]) y monólogo interior (“Fuego y juego es la vida”[22]); brindándole así una versatilidad especial que consigue atrapar fácilmente la atención del lector. La mezcla de los planos narrativos está muy bien armonizada, logrando que el lector adquiera informaciones valiosas, que vienen del pasado, sin perder de vista la trama central (una partida de poker). Desde el aspecto creativo popular hay una clara alusión histórica, difundida y comentada ampliamente, sobre la actitud irracional, casi demencial, de la pasión incontenible que puede despertar el juego de cartas y que llevó a varios gamonales piuranos a jugarse las propiedades rurales en un golpe de azar. Y junto a ellos sus peones observando la actitud dispendiosa mientras  carecen de todo, sabiendo que cualquiera sea el resultado de los juegos de azar no mejorará su suerte. “…cartas tras cartas y multicolores fichas, patrón tras patrón…”[23] informa la voz protagónica, para agregar más adelante: “Jugándonos la vida sin jugar, cambiando de destinos prendidos de las cartas”[24], en clara señal de sumisión ante el estado social de postergación a que está sometido. En el aspecto creativo popular detectamos fácilmente el rasgo de las creencias, expresado en este caso a través de la figura de San Antonio (Sanantuco, en el lenguaje afectivo de la sierra baja piurana), sobre quien existe la versión de que se consigue sus favores amenazándolo con torturar sus efigies (generalmente de madera o yeso pintado) o poniendo su imagen con la cabeza para abajo detrás de las puertas. “…me ordenan servir más pisco y sigo estrangulando al San Antonio, rogando por mi patrón…”[25], nos dice la voz del narrador; vinculando la creencia descrita con una actitud ideo/política que merece comentario, pues líneas adelante agrega: “Cuando interesa no es pecado rezar por lo patrones”[26]. Aquí se plantea una dicotomía socio/sentimental que compromete y confunde al campesino pobre: por un lado su convicción de que el patrón es un enemigo a quien siempre debe desearse el mal y, por otro lado, la actitud compasiva e interesada de apoyarlo para no caer en manos de otro patrón que podría resultar peor que el actual (“…pero más vale lo conocido que lo por conocer, mi patrón después de todo nos deja vivir, aunque sea para su conveniencia, mientras hay vida hay esperanza, es un consuelo, en cambio el blanco del otro río hizo crecer el panteón de parvulitos…”[27]); motivo por el cual el peón pobre invoca al San Antonio su ayuda para el patrón rico, utilizando los ritos de la creencia popular (“Estiro sin compasión el pescuezo al San Antonio y encima le mando un par de carajos”[28]). La mayor tensión temática se produce cuando el patrón ajeno está a punto de ganar la partida al patrón propio, lo cual significaría un cambio de propietario de “…la hacienda más grande, con todo, sembríos, peones y ganado…”[29], lo cual produce un insoportable y creciente estado de angustia en la voz narradora: “Rezo, sigo rezando, mordiéndome la lengua y estrujo el cuello al San Antonio, me ayudas o te lo quiebro…”[30]. Sin embargo, a pesar del fervor con que invoca la suerte de su patrón, subsiste en el fondo de su conciencia un cierto malestar por traicionar sus intereses de clase (“Si supiera el patrón que ruego por él”[31]); originando el estado de ambivalencia que da sentido final al relato: ¿pueden o no coincidir los intereses de dos clases sociales distintas suscitando un estado de mutua colaboración? La expresión final del texto: “No te preocupes mujer, yo también recé por él, aún no nos llega la hora”[32], define un estado de resignación latente, donde mejor es lo malo conocido que lo malo por conocer. Este cuento rastrea con mucha inteligencia los estados emotivos del ser humano frente a las decisiones que debe tomar como miembro de una clase social popular frente a una clase social adversa a sus intereses materiales.

El sexto cuento, titulado Los poteros del Quiroz, explora la alegría de la venganza. Alegría que nace al sentir que la humillación padecida en el pasado se convierte en una fuerza atroz que devuelve, con creces, el golpe padecido en carne propia o en la carne de familiares cercanos. En el aspecto creativo técnico destacan la descripción y el monólogo interior. La construcción verbal de la imagen del usurero don Felicísimo es un brillante ejemplo de inteligente descripción, que no sólo abarca lo físico sino que señala sin atenuantes la condición moral del personaje: “Lo consideraban el hombre más seguro del mundo y a la vez el más desconfiado… Frío el pellejo de serpiente, friolento de nación, hasta en los negocios. Una sebosa chalina cubre permanentemente su pescuezo alto y delgado, amarillento por falta de sol… Por su traza ni la muerte lo deseaba… sus ojos hundidos parecían cuevas oscuras y con la manía de no parpadear, no había cristiano que soporte ese par de huecos, prietos y fijos”[33]. El monólogo interior es la voz que sostiene las informaciones con que se construye el relato: “De nuevo llegó el invierno y el río Quiroz se puso de cerro a cerro, no daba vado y las piaras de orilla en orilla trasegaban sus cargas utilizando los poteros. En una de esas vi a don Felicísimo, traía las alforjas llenas de dinero, venía de cobrar los créditos. Mi facha, con el oficio que escogí, cambió”[34]; es uno de los tantos momentos que pueden citarse respecto a la utilización de esta técnica. Desde otra perspectiva, la del aspecto creativo popular, el título del cuento nos brinda datos sobre el referente geográfico y las ocupaciones: el río Quiroz baja de la sierra piurana y, durante los meses de enero, febrero y marzo (meses de verano para la costa y de invierno para la sierra) adquiere un volumen de agua que no permite cruzarlo sin riesgo de la vida. En esta circunstancia aparecen los llamados poteros, nadadores expertos en vencer la fuerza y trampas de la corriente, quienes utilizando como equipo un poto, calabaza de regular tamaño, donde colocan el equipaje de los viajeros, cruzan a fuerza de músculos y agilidad las tormentosas aguas del río. El pasajero realiza la travesía agarrado con todas sus fuerzas de los bordes del poto: su vida depende de no soltarse. “El río Quiroz bajó crecidísimo, arrastrando palizada y media, chozas y animales, sólo los poteros, nadadores mentados, se atrevían a cruzarlo. Cogidos de sus enormes potos flotando en los tumbos y remolinos, lograban por unas cuantas pesetas vencer la creciente y encima pasar carga y pasajeros”[35]. La actitud política del narrador, uno de los poteros, (hombre de extrema pobreza: “…porque como soy tan pobre que no tengo ni correa, me sostengo los pantalones con un pial…”[36]), se explica en el origen de su desgracia personal: “…me acordé de la chacra de mi padre, no se la llevó el río con la creciente, sino el usurero con sus réditos”[37]; datos que permiten intuir la llaga viva y ardiente en la memoria del potero y su recóndito deseo de venganza (que deja de ser un asunto sólo personal para representar el sentimiento de una clase social desposeída por la explotación del usurero (“…todos lo aborrecían…”[38]). La escena final del cuento  -cuando el azar ha conseguido que el potero transporte al usurero por el río-  es de crudo realismo y de rígida honestidad política popular: “Lo suelto o no lo suelto y encima me quedo con la alforja. El individuo leyó mis pensamientos, pero antes que me proponga un nuevo trato, lo rechacé con la mirada, balancié bruscamente mi poto y el usurero se desprendió, hundiéndose, mentándome la madre…”[39]. Se consuma así una especie de ejecución popular contra un explotador inmisericorde.

Doña Manuela de la Transfiguración, séptimo cuento del libro, es un texto sin mayores pretensiones temáticas. Explora el sentimiento juvenil de un muchacho de pueblo decidido a demostrar que su hombría supera a la sus amigos generacionales, para lo cual está dispuesto a enfrentar los peligros y temores que sean. En el aspecto creativo técnico se identifica la técnica descriptiva (“Vivía allá por la bajada del malecón, a la orilla del río, con sus perros, sus chanchos, sus burros, sus gallinas, sus piojos y sus pulgas, en una choza de champas y chamizas, alguno que otro carrizo en sus precarias paredes era todo”[40], el monólogo interior (“Tengo que verle la cara y demostrar una vez más que soy macho de pura cepa”[41] y  cajas chinas (“Cundri era bueno, pero poco a poco fue haciéndose más exigente, deseaba brillar más, de tal modo que sólo a él lo vieran, opacando al resto de estrellas”[42]). Del aspecto creativo popular destacan dos rasgos: la conducta social (expresada mediante el machismo obsesivo e irrenunciable que desea mostrar el protagonista) y el imaginario colectivo popular que se aferra a las creencias en seres mágicos que son capaces de transformarse gracias a sus pactos con los poderes ocultos y satánicos. Al lector le queda el sabor agridulce de las aventuras juveniles que se realizan a medias, sin poder llegar a conclusiones permanentes, duraderas.

Más interesante resulta el cuento siguiente, Prende San Pedro, prende, octavo de la serie, donde a través de un monólogo interior matizado con diálogos y la técnica del lector comprometido, se realiza un viaje al interior del mundo de las creencias en la brujería y el poder de los elementos naturales vinculados con el bien y el mal. El trabajo con el lenguaje focaliza su atención en el mundo vocabular y utilización envolvente del brujo: “Chicoteando estoy, ciento por ciento, millares por millares, vengo chicoteando en mi caballo blanco, con mi espada comandante, levantando, shingando, floreando, prende el San Pedro, prende”[43], palabras que suelen ser pronunciadas muy rápidamente y con voz ceremoniosa en los rituales andinos de Piura. En este cuento se relata la historia de un hombre que es traicionado por la infidelidad de su esposa y decide, acompañado por un amigo, acudir donde un brujo para que el poder del San Pedro le permita ver su situación real y curarse del daño que ella le ha hecho. Lo perturbador de la historia consiste en que el acongojado esposo penetra cada vez más profundamente en el mundo alucinante que produce la bebida del San Pedro hasta extraviarse por los vericuetos de la incoherencia y perder el rumbo que le permita regresar a la cordura. Ante la alarma de su amigo, el brujo dictamina que “Es el propio San Pedro el que habla a su amigo, ha visto demasiado, lo que antes nadie ha visto, el secreto de San Pedro y eso se paga con la muerte”[44]. La relación del hombre andino, carente de educación adecuada, tal como lo demuestra su uso del idioma (“…quiso verme acabado y en un peruro de lisa me zampó el daño…”[45]) con las creencias ancestrales tiene una raíz indudablemente milenaria y la colectividad popular posee una fe sólida en la práctica de la brujería. Una vez más, Víctor Borrero aborda el tratamiento de la conciencia popular en su obra literaria.

El noveno cuento se titula Isomiro Solís, y continúa el tratamiento del tema de la venganza que desarrolló en Los poteros de Quiroz; con la diferencia de que mientras en Los poteros de Quiroz un individuo realiza el acto de venganza simbólicamente en nombre de su grupo social, en Isomiro Solís la venganza es ejecutada por la colectividad de miembros de una clase social. En cuanto al aspecto creativo técnico hay que señalar que la estructura del relato está constituida por la alternancia entre una voz del autor omnisciente y los diálogos de voces anónimas que completan la información; con un racconto importante que corta la intensidad violenta del relato para informar el motivo que la genera. En el aspecto creativo popular se aprecia que el uso del lenguaje del autor omnisciente está muy relacionado con el modelo de discurso oral de los brujos serranos: “Sentencia y penitencia. Es agosto en el congosto, cinco de la madrugada sin ir muy lejos. Octavo por quinto que es cuarenta”[46], donde se pretende, y se logra, articular un sentido esotérico a las expresiones. El referente geográfico aparece explícitamente: “A ciencia cierta nadie sabe la extensión de Chipillico, pero es hacienda con cordillera propia, con río y gente propia, propia de don Lauro, el hacendado”[47], donde, además, de manera irónica, se deja establecida la condición divisoria entre propietarios y desposeídos. El hacendado don Lauro se vale de su capataz Isomiro Solís para que, en el extremo del abuso del poder, le lleve a su cama las hijas jovencitas de los campesinos que tiene dominados por la explotación en el trabajo agrícola. Una conocida y vieja práctica feudal, animada en este caso por la lujuria insaciable del hacendado: “…a don Lauro le apetece desdoncellar y, la mocita mordiéndose los labios, deslizándosele por los muslos tiernos, su candor, con dolor, sin amor y luego el ah de placer del hacendado, satisfecho de haber culminado, reflejado en su rostro el gusto de rallar una virgen más. -¿De dónde eres muchacha?, -él jadeante y sudoroso. -De Geraldo, patroncito, -limpiándose con un trapo el sexo mancillado. Y la vuelve a pisar una y otra vez, hasta la madrugada”[48]. La oprobiosa y reiterada situación se repite frecuentemente, hasta que la comunidad campesina acude a invocar ayuda al brujo del lugar y trama con él la venganza. En la fecha indicada por el brujo, Isomiro Solís es capturado y vejado por un grupo representativo de las familias agraviadas: “¡Desgraciados! ¿Por qué me bajan el pantalón? Acaso no saben que es pecado entre hombres, se salarán por siete años seguidos”[49]; pero Isomiro Solís está equivocado, no lo violan sino que lo castran para cumplir con las recomendaciones del brujo Permisterio y librarse de la concupiscencia del patrón: “Le hundió la puñaleta, Isomiro berreó como un chancho, sacó los huevos con la mano, calientes y gelatinosos y el escroto quedó vacío, sangrante, palpitante. -Llévalos a la casa hacienda y entrégaselos a la Pancha, ella sabe lo que tiene que hacer, se los prepará a don Lauro en el desayuno, criadías para el muy garañonazo. -Permisterio no miente, sólo las criadías de Isomiro sosegarán al patrón y dejará en paz a nuestras hijas”[50]. La truculenta escena se ejecuta por la fe ciega de los campesinos en la palabra del brujo, por la profunda convicción popular de que sus divinidades tutelares hablan por la boca del intermediario que es el curandero y el brujo. Además, la violencia comunitaria, a manera de justicia popular, denuncia la insatisfacción y desesperación de un pueblo marginado y explotado que ha sido llevado al límite de la resignación y se rebela ante la injusticia para evitar su continuidad.

Huaco, es el escueto título del décimo cuento; construido con una voz protagónica que funge de monólogo interior y complementado con raccontos y un flash back. El tema pertenece al grupo de las creencias populares, pues narra las incidencias de un cholo que se enriquece súbitamente por el pacto con las fuerzas del mal: “El viernes santo, el viernes de dolores, cuando la tierra se abre, irás al cerro de Los Lazos, al llegar a su falda encontrarás un rajón entre las rocas, debajo de esas lajas musgosas por la humedad, hallarás la tumba de un gran señor tallán, lo despojarás de sus riquezas, oro macizo, esmeraldas, rubíes y brillantes y los metes en dos alforjas, es lo suficiente para que cambie tu vida. No regreses por el mismo camino, escoge otro y no se te ocurra mirar atrás, no lo olvides”[51]. El misterioso personaje que ofrece tan rápido y fácil enriquecimiento al cholo Gregorio enfatiza la condición de no mirar atrás, como si en ese cumplimiento estuviera cifrada la verdadera felicidad del nuevo rico. Después de algunas dudas, el cholo Gregorio acude al lugar, encuentra el tesoro y emprende el regreso cumpliendo con las indicaciones del misterioso personaje (Valverde); pero, mientras camina cargando sus sacos “por pura curiosidad metí la mano y al azar saqué algo así como un espejo, instintivamente me lo puse delante de la cara y sin querer, a través del espejo miré atrás, la falda del cerro ardía con un fuego rojo e intenso”[52]. Un trémulo temblor estremeció al cholo Gregorio al recordar la condición de no mirar atrás, lanzó lejos de sí el espejo y apresuró el paso. Como no vio ni sintió nada extraño, se olvidó rápidamente del incumplimiento de la condición pactada y se dedicó a gozar de los beneficios y privilegios de su condición de nuevo rico. Hasta que, un año después, “llegó otro viernes santo, y con él mi fatalidad. Justamente a la misma hora de mi hallazgo mientras me echaba un sueñecito sin pensión alguna, algo extraño me despertó, abrí los ojos y sobre mi pecho encontré un huaco blanco…y sus ojos eran dos brasas que me encandilaron”[53]. El tormento del huaco es inclemente pues impone una presencia permanente y tortuosa. El cholo Gregorio intenta desprenderse de él, pero por más lejos que lo lleve, al regresar a su casa vuelve a encontrarlo, como una mala conciencia que la memoria se niega a olvidar. La angustia crece indeteniblemente hasta quebrar la razón del cholo Gregorio y hundirlo en la locura, pues como afirma el brujo Gerónimo “así son los encantos cuando quieren fregar”[54]. Se trata de la furia vengativa de las divinidades ancestrales castigando a quien incautamente se deja envolver en sus artimañas. La creencia popular en los poderes ocultos se manifiesta una vez más con toda su fuerza inexplicable a la razón pero actuando indeclinablemente sobre la realidad social. El cuento contiene una parte ligada, subjetivamente, a la actitud ideo/política popular y relacionada con el sentimiento de venganza que ya hemos tratado en textos anteriores: “La pisé tantas veces que perdí la cuenta, la blanca se sosegó en sus deseos y se durmió profundamente. Después de todo era un vengador. Al arrequintarla en esa cama de sábanas blanquísimas, se me venían a la mente los abusos cometidos por el patrón y las pagaba todas juntas con su mujer, era entonces más que un vengador, era un garañón vengador, sí, eso era”[55]. Esta cita, extraída de uno de los momentos de mayor felicidad del cholo Gregorio, cuando consigue copular con la mujer del patrón, devela un soterrado sentimiento de venganza que duerme en el fondo de la conciencia popular y que sale a flote cada vez que se presenta la ocasión de ejecutarlo. El huaco de este cuento simboliza, además, la perdurabilidad de la cultura nativa a pesar del transcurso de los siglos, la dominación política y la postergación económica y cultural.

El cuento décimo primero se titula, ¿casualmente?, Once dedos, y es quizá el texto literariamente mejor construido de la colección que comentamos. Está construido con una impecable estructura de vasos comunicantes, donde alternan simétricamente las historias del padre y de su hijo, acercándose cada vez más, hasta rematar en el último fragmento enlazando ambas historias con un elegante toque de realismo mágico. La reproducción del habla popular campesina ha sido elaborada sin afectaciones, con gran naturalidad, y consigue el efecto de aparentar verosimilitud popular: “Patentito me acuerdo, como si ayer nomás hubiese sucedido…Agora lo recuerdo todo. Me estaba cabeceando de sueño bajo un algarrobo…y sólo vide la güella de los colambos, me escupí el pecho y me puse a llorar”[56]. El nivel de instrucción y las conductas sociales tipifican muy bien el estrato popular: “…si no la Chona me amenazaba con darme de fuetazos y abrirme el espinazo”[57], nivel de lenguaje y conducta que son normales entre gente campesina de ínfima o nula instrucción formal. El tema de los compactados con el mal vuelve a aparecer en la historia del bandolero Demecio Távara, quien está solicitando al demonio que le dé un plazo adicional de vida antes de que lo lleve al infierno en cuerpo y alma. El motivo de la solicitud de ampliación es para poder cumplir con una venganza: “quiero matar al hacendado del Chaylo porque él mató a mi padre, a mi taita, en ese maldito cepo, prendido de pieses, de manos y de cabeza”[58]. La negociación entre el hombre y el demonio termina cuando éste último ordena  al primero disparar y el hacendado cae muerto junto a un cardo, muy lejos del lugar de la discusión, sin causa aparente que explicara su repentino fallecimiento. La calidad estética del texto se aprecia leyéndolo, por lo que no intentaré sintetizar su desarrollo temático; sólo conviene tomar nota de que, una vez más, el deseo de venganza de pobres contra adinerados alimenta pasiones, muerte y destrucción.

El décimo segundo cuento, El sueño de tallán, es el último de la colección y hace gala del uso de los vasos comunicantes en varios planos diferenciales: la historia de Janet Shirley (clase adinerada, en el tiempo presente y representante de una raza extranjera) se funde con la historia de Cashano (clase dependiente, en el tiempo pasado y representante de la raza nativa) a través del poder de supervivencia de una cultura metafísicamente invencible porque es poseedora de una inagotable fuerza y fertilidad sexual y también porque su arte es capaz de captar, expresar y preservar esa fuerza y esa fertilidad a través del transcurso de las generaciones. El guerrero tallán Cashano no ha podido conseguir a la mujer que desea y acude donde el alfarero Tingu para que le haga un trabajo especial y extraño. Desea una pieza de cerámica que reproduzca su pene erecto: “Tingu completa su obra, es tan real, comenta, que cualquier mujer lo robaría para tenerlo cerca. Cashano, tronco grande, cavila. La prolongación de la vida y de la estirpe asegurada y regresa sonriente, sólo le queda en el recuerdo la figura de Peñac-Alac, la del pugo virgen y se entristece, golpea la tierra con ira y la noche lo sorprende con las manos ensangrentadas de tanto machacar el camino en el mismo sitio”[59]. Varios cientos de años después, el huaco de Tingu es robado por Janet Shirley de un museo y se masturba con él porque una pasión irresistible la arrastra a la realización de tal acto. Janet Shirley queda embarazada y, simbólicamente, no sólo se ha cumplido el deseo sexual de Cashano sino que también se venga de la clase que históricamente destruyó su cultura nativa. El deseo, la fuerza, la pasión de un pueblo que se resiste a la desaparición.                     


[1] Víctor Borrero Vargas. Piura, 1989, CIPCA, 1ª ed., 85 pp.

[2] José Miguel Oviedo. Estos 13. Lima, 1973, Mosca Azul Editores, 1ª ed.,  pp. 131-134. El manifiesto denuncia la deplorable situación política y cultural del Perú y clama por la construcción de un ámbito cultural autónomo y popular. “Si somos iracundos es porque esto tiene dimensión de tragedia. A nosotros se nos ha entregado una catástrofe para poetizarla. Se nos ha dado esta coyuntura histórica para culminar una etapa lamentable y para inaugurar otra más justa, más luminosa”.

[3] Cuentos  tallanes, p.4        

[4] Op. Cit., p. 3

[5] Op. Cit., p. 7

[6] Op. Cit., p. 7

[7] Op. Cit., p. 10

[8] Op. Cit., p. 8

[9] Op. Cit. P. 7

[10] Op. Cit., p.8

[11] Op. Cit., p. 8

[12] Op. Cit., p. 9

[13] Op. Cit., p. 10

[14] Op. Cit., p. 9

[15] Op. Cit., p. 15

[16] Op. Cit., p. 13

[17] Op. Cit., p. 21

[18] Op. Cit., p. 26

[19] Op. Cit., p. 26

[20] Op. Cit., p. 29

[21] Op. Cit., p. 29

[22] Op. Cit., p. 29

[23] Op. Cit., p. 29

[24] Op. Cit., p. 29

[25] Op. Cit., p. 30

[26] Op. Cit., p. 30

[27] Op. Cit., p. 30

[28] Op. Cit., p. 30

[29] Op. Cit., p. 30

[30] Op. Cit., p. 31

[31] Op. Cit., p. 31

[32] Op. Cit., p. 31

[33] Op. Cit. P. 35

[34] Op. Cit., p. 36

[35] Op. Cit., p. 35

[36] Op. Cit., p. 36

[37] Op. Cit., p. 36

[38] Op. Cit., p. 35

[39] Op. Cit., p. 38

[40] Op. Cit., p. 41

[41] Op. Cit., p. 42

[42] Op. Cit., p. 43

[43] Op. Cit., p. 48

[44] Op. Cit., p. 49

[45] Op. Cit., p. 48

[46] Op. Cit., p. 53

[47] Op. Cit., p. 53

[48] Op. Cit., p. 54

[49] Op. Cit., p. 59

[50] Op. Cit., p. 59

[51] Op. Cit., p. 64

[52] Op. Cit., p. 65

[53] Op. Cit., p. 67

[54] Op. Cit., p. 68

[55] Op. Cit., p. 67

[56] Op. Cit., p. 73

[57] Op. Cit., p. 74

[58] Op. Cit., p. 74

[59] Op. Cit., p. 84

 

El Documental Piura, es una producción de Aral Editores EIRL

Dirección : Calle San Martín Nº 773 - Teléfono 073-502642 Sullana-Piura-Perú

Escríbanos a : prensa@elregionalpiura.com.pe