| |
A la entrada les hemos repartido un pequeño folleto donde
están las innúmeras y valiosas ediciones por las cuales el Dr. Mario Vargas
Llosa es una lumbrera internacional. Lo hemos repartido porque sería una
ofensa a la humildad de que él hace gala que pasemos quince minutos leyendo
la larga lista de obras publicadas y de los premios internacionales que ha
recibido a lo largo de su proficua vida personal y profesional.
Prefiero referirme al Dr. Mario Vargas Llosa como un creador literario. Debo
comenzar diciendo que a sus lectores nos ha enseñado que la suerte del ser
humano es inquietante y curiosa. Curiosa, porque los seres humanos estamos
elaborados con materia física y con elementos de carácter psíquico que no
son objetivamente descriptibles, pero que operan en cada uno de nosotros
transformándonos paulatinamente. Los seres humanos tenemos esta inquietante
facultad de estar permanentemente transformándonos y el Dr. Mario Vargas
Llosa nos ha enseñado, desde sus primeras novelas, que los seres humanos
debemos transitar por una serie de instancias para poder desarrollarnos
integralmente.
Cuando hemos leído La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la
catedral, nos hemos encontrado con una actitud sartreana, con una actitud
sórdida, para algunos lectores tóxica, porque lo que se plantea en esas
novelas es una de las suertes de la condición humana: el sentido profundo de
la frustración. Ese sentido agobiante, tortuoso, que agota a los seres
inconformes, que están desubicados en el mundo, que no pueden encontrarle un
sentido claro a la existencia y que resignadamente a veces deben someterse a
las inclemencias de la realidad. Creo que el grito más trágico de toda esa
primera serie de novelas es Los cachorros. El Dr. Mario Vargas Llosa declaró
en varias entrevistas que había querido hacer una novela cómica, pero que
ganado por la impronta que en aquellos años llevaba dentro de sí, sin
pretenderlo, sin quererlo, como a veces sucede en los hechos literarios,
terminó haciendo una de las obras más trágicas porque la frustración del
personaje Cuellar no solamente es intelectual sino que también es física.
Luego, el Dr. Mario Vargas Llosa nos enseña algo más. Un creador que se
consuela con lo que ya logró es un creador agotado. Entonces, el Dr. Mario
Vargas Llosa abre una nueva puerta y nos dice no, ensayemos las otras vías.
¿Por qué toda la existencia debe ser negra, pesimista? ¿Por qué todo debe
ser oscuridad? Y entonces nos comienza a mostrar en otras novelas una visión
novedosa de la existencia. Su Pantaleón y las visitadoras es una novela que
viene a refrescar el ámbito del sentido existencialista de las novelas
anteriores. La experimentación continúa en otras direcciones: La guerra del
fin del mundo, La historia de Mayta, exploran la condición política de la
situación hispanoamericana y de alguna manera nos enseñan a reflexionar
acerca de los problemas de la vida social, a los que un escritor de verdad
nunca es ajeno. El verdadero escritor está imbuido, por su experiencia y por
su sensibilidad, de aquello que sucede en su alrededor, de la época a que
pertenece y de la cultura con la cual se encuentra identificado. Continuando
en su diversificación temática y filosófica, nos enseña que no todo ha
terminado allí y entonces El elogio de la madrastra y Los cuadernos de don
Rigoberto vienen a mostrarnos que hay aún otra visión del ser humano; la
visión decantada de quienes piensan que en esta vida hay que encontrar,
porque es sano y porque es humano, capacidad de disfrute y camino a la
felicidad. ¿Quién, honestamente, puede decir que no quisiera ser ese niño
que otea a su madrastra o don Rigoberto pensando, confundiendo la vida con
la ficción, pero para darle un sentido en el cual el sentimiento, la
sensibilidad y el erotismo tienen mucho que ver para darle una feliz
estancia en esta existencia?. De esta manera, Mario Vargas Llosa nos
demuestra que no es un escritor agotado, no es un escritor cuyo talento ya
se extinguió. Nos enseña que para un creador artístico, para un literato en
el caso especial que nos ocupa, la tarea es infatigable, indetenible, no
tiene fin. Habría que preguntarse qué aconteció en la infancia del niño
Mario Vargas Llosa, qué pesadillas perturbaron sus madrugadas, qué angustias
tuvo que afrontar y cómo desarrolló la sensibilidad de ir asumiendo todo
esto para no convertirse en un ser destructivo sino en un creador.
Luego, el Dr. Mario Vargas Llosa nos ha demostrado también que la suerte del
escritor no tiene que ser necesariamente frustrante. El ensayista Vargas
Llosa ha dicho en un célebre artículo a la muerte de Sebastián Salazar Bondy
que en el Perú, en la condición hispanoamericana, las escritores han sido
tradicionalmente postergados, marginados y empobrecidos. Mas él nos
demuestra con su vida que no tiene que ser necesariamente así, que un
escritor que se entrega de manera cabal, de manera honesta, de manera
permanente, a lo que es el cumplimiento de la vocación literaria, puede
salir adelante, y qué mejor ejemplo que él mismo, que ha paseado su nombre y
el nombre de nuestro Perú por todos los ámbitos del mundo.
El Dr. Mario Vargas Llosa también nos ha dado una lección de moral y ética,
porque su voz siempre ha estado al lado de la verdad, su voz siempre se ha
levantado para clamar justicia; ahí donde otros han callado, él ha hablado.
Donde otros han tenido temor de decir algo él nos ha enseñado que la palabra
existe para redimir la conciencia del ser humano.
Por todas estas consideraciones y porque dos alumnos de la Escuela de
Ciencia y Tecnología de la Comunicación, Luis Morocho Alvia y Miguel Sarango
Naquiche, tuvieron la osadía y la suerte de acercarse a Mario Vargas Llosa y
ser recibidos generosamente por él, esta noche tenemos acá, por acuerdo del
Consejo de la Facultad de Ciencias Sociales y Educación y por acuerdo del
Consejo Universitario en pleno a tan distinguido hombre de letras y
ciudadano del mundo.
No quiero agotarlos. Todos estamos esperando la palabra del Doctor, pero
permítanme terminar usurpando algo. En los años sesenta yo era un asiduo
lector de la obra vargasllosiana y cuando le dieron el premio Rómulo
Gallegos por su novela La casa verde, leí su discurso de agradecimiento y la
parte final quedó grabada para siempre en mí. Y yo me dije, ojalá que algún
día pueda decir tales palabras. Y hoy día ha llegado el momento. En aquel
discurso, Vargas Llosa, luego de toda la exposición que hace sobre la vida y
obra del poeta Oquendo de Amat, agradece el premio diciendo que agradece
haber dedicado su vida a la literatura y haber asumido esta vocación de
escritor que nunca sospeché me depararía una satisfacción tan grande como la
de hoy. Yo quiero terminar, agradeciendo la paciencia del Dr. Mario Vargas
Llosa, agradecer también el hecho de haber asumido, un lejano día, la
vocación de docente que me ha dado la oportunidad de tener una satisfacción
tan grande como la de la noche de hoy.
Muchas gracias. |