Director : Lic. ANDRÉS VERA CÓRDOVA

 

PRINCIPAL

El Regional de Piura
Aral Editores
Hosting y dominio
Literatura regional
Estadística Piura
 
 
 

EX-LIBRIS

 

LA PASIÓN SEGÚN GENARO

 

Por: Julio Carmona

 

Genaro Maza Vera (Sullana, 1946) es uno de los narradores piuranos que, por la seriedad y responsabilidad artísticas con que ha asumido el trabajo literario, concita la atención de los “miembros de la tribu” (como llamaba Ezra Pound a los amantes de la literatura): cada novedad editorial suya promete bondades dignas de aprecio. Y no otra cosa ocurre con el libro de relatos que acaba de sacar a la luz con los sellos editoriales Sietevientos y Lluvia Editores.
La dama del estuario es el título de esta nueva obra suya. A su amparo reúne cinco relatos. El primero que presta su título al conjunto- tiene como asunto un tópico muy socorrido en el imaginario popular de la región: las apariciones de ultratumba. Y, en este caso, se trata del espectro de una mujer que suele vagar no sólo en la ruinosa mansión que habitó en vida (escenario de un amor conflictuoso y de desgarrados avatares que rayan en la drogadicción) sino que además deambula por un desolado paraje en el que hubo una cruz (luego desaparecida, relacionada con el ya aludido e intrincado asunto amoroso que la angustió en vida) y, más aún, suele frecuentar el estuario o confluencia del río con el mar. Todo esto en la zona de Colán. Ese amplio itinerario genera cierto desconcierto en el narrador que, dígase de paso, es un acucioso investigador de viejos infolios en no menos vetustos archivos, y que ha logrado establecer la relación entre el “ánima en pena” y un personaje femenino descubierto por él en dichos archivos. Y, por eso, dice desde el segundo párrafo-: “De ahí mi seguridad sobre la identidad del espectro, aunque una duda me incomodaba con fuerza lógica: si aquella aparición le correspondía ¿no debería penar sólo por la casona que albergó su vicio por el alcohol y su pasión por su amante?, ¿por qué aquellas reiteradas apariciones por el estuario y aquellas incursiones por los arenales para arrodillarse ante una hipotética cruz?...” Y en el relato se desarrolla la historia de dicho personaje, cuya aparición resulta ser no sólo invención mítica o legendaria, sino que es “comprobada” por el narrador (para mayor verosimilitud), quien finalmente se siente en la obligación de develar también el misterio que lo desconcertaba al comienzo del relato y que lo hizo interrogarse conforme lo hemos visto en la cita anterior. Esta aclaración última resulta ser -para mi gusto- innecesaria, pues el lector la presupone sin la explícita intervención del narrador, quien concluye diciendo, con frase que repetimos- nos parece obviable: “Ahora ya entendía por qué el espectro vagaba tanto por el estuario y se postraba también ante aquel promontorio”.
El segundo relato desarrolla una historia no menos fabulosa y de antigua prosapia: el pacto con el diablo. En esta ocasión se trata de un súbdito inglés que, de muy joven, sentó sus reales en estas calurosas tierras y que desde una extrema pobreza pasó a ser poseedor de cuantiosas riquezas, tránsito no merituado por su febril dedicación al trabajo sino por el sospechado pacto con el demonio, de ahí el título: “El pacto de Míster Leigh”. Pero lo interesante a destacar es la reiterada referencia a los viejos infolios de archivos generosos, de donde procede la anécdota y ha sido “transcrita” por el narrador (y relatada por un segundo narrador). Cabe agregar que éste es el relato más extenso de los cinco, y, asimismo, hay que advertir que los editores precisan en la contracarátula (entre otros datos bibliográficos del autor) la existencia de un texto que se supone ha sido editado antes con el mismo título, de lo que hay que colegir que la versión aquí comentada sería una reedición.
Como se puede observar, nos hemos referido con el apelativo de ‘relatos’ a los dos primeros trabajos comentados. Y, en efecto, creemos nosotros que no son propiamente cuentos. La diferencia entre una y otra especie narrativas radica en la “demora”. Con esa cualidad caracterizaba Federico Schiller a la épica-narrativa propiamente dicha (cuento y novela), es decir, aquel alto representante y teórico del romanticismo alemán singularizaba al género por ese “demorarse con amor”. Es decir, una ‘demora’ que el propio Genaro Maza explica de manera atinada al referirse al protagonista del cuarto texto narrativo (“Juez ad-hoc”), indicando que: “No le había interesado la verdad histórica” [la anécdota en sí, digámoslo en términos generales], “sino la verdad literaria”; es decir, que el narrador literario debe actuar “como un creador de ficciones, como alguien que dueño de una visión personal del mundo, [echa] a andar personajes y a crear situaciones que [patentizan] esa filosofía personal” (p. 40: la cursiva y los corchetes son nuestros, y los últimos indican modificación de los tiempos verbales originales). Mientras el relato se apresura en la presentación de la historia narrada, el cuento o la novela se regodean en la alquimia de la palabra (y conste que esto no tiene nada que ver con la extensión del texto: el relato puede ser extenso y el cuento, corto). No sé si nuestro autor comparte este criterio; pero lo cierto es que él mismo llama así -relatos- a sus textos. El título completo del libro en la primera página de presentación aparece como: La dama del estuario y otros relatos. Asimismo, en la dedicatoria agradece al amigo que ha hecho posible “la edición de estos relatos”. No obstante, creemos que es una exageración llamar así a los tres restantes que sí tienen fisonomía de cuento. A no ser que nuestro autor maneje el criterio de considerar como sinónimos a ambos términos, lo que ya vendría a ser otro cantar. De otro lado, hay que aclarar que esta diferenciación no denuncia deficiencias en el relato por relevar bondades en el cuento. Cada cual resuelve sus propias especificidades y da valor a sus propios resultados. Un buen relato vale tanto como un buen cuento.
El tercer texto narrativo (relato para su autor, y cuento según nosotros) tiene el título de “Ruinas”. En él se hace una simbiosis del tiempo natural y el tiempo personal, de tal suerte que las ruinas 'materiales' se entrecruzan con las ruinas 'cronológicas del personaje' que, psíquicamene, desarrolla su acción en diferentes tiempos. Esta concepción del cuento tal vez justifique el uso caótico de varios puntos de vista narrativos (primera persona -en singular y en plural- y segunda y tercera personas, sin ninguna transición), los que, al mezclarse en tan poco espacio narrativo, genera desconcierto en la lectura; pese a que puede ser relativamente permisible en la novela, ejemplo: El otoño del patriarca. Aunque es pertinente señalar que Miguel Gutiérrez (refiriéndose a Los ríos profundos) generaliza el aserto, pues precisa que es muy crítico o aventurado “pasar abruptamente de un punto de vista a otro. Es decir, mientras más del sesenta por ciento del texto lo lleva en primera persona, en el resto pasa a tercera persona, algo que un escritor con formación más moderna no se permitiría”.
El texto siguiente cuarto-, titulado “Juez ad-hoc”, proyecta el leitmotiv que nos ha sugerido el título de este artículo: la pasión literaria, que -se supone- debe resolverse en consecuencia vital: ‘quien es capaz de traicionar una brillante vocación literaria, bien puede ser capaz también de traicionar y hasta de asesinar a su mejor amigo’.
Finalmente, el último texto, “Posesión”, retoma el uso de un tópico mágico-fantasioso (como hemos visto que ocurrió con los dos primeros): el que un personaje sea poseído por el espíritu de otro, cumpliendo con hacer lo que éste había predicho: “Tres somos, tres seremos; yo, usted y el que tiene que morir”. Y, en efecto, la predicción se cumple, el poseso (que es el narrador) termina matando al hijo abusivo del anciano que dijo la frase. Y se cumple la ‘justicia poética’ (como también ha ocurrido en “Juez ad-hoc”).
Finalmente, se puede acotar que la recurrencia a viejas historias o las alusiones a personajes a quienes se tiñe con la pátina de lo histórico e inclusive las referencias a autoridades de la historia real (Emerson, Basadre, Porras) denuncian una impronta borgesiana, que de ningún modo hacen desmerecer la facundia imaginativa de nuestro autor, quien, por el contrario, nos da desde su propia inventiva una solvente muestra de lo que es -o debe de ser- la pasión poética, pasión que por supuesto- incluye las lecturas literarias y su asimilación.

El Documental Piura, es una producción de Aral Editores EIRL

Dirección : Calle San Martín Nº 773 - Teléfono 073-502642 Sullana-Piura-Perú

Escríbanos a : prensa@elregionalpiura.com.pe