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Recuerdo haber conocido a Wilmer Rojas a fines de los convulsionados
ochenta. Resaltó en él su veracidad por la lectura, el olfato por los buenos
libros, acucioso crítico y bohemio con aires de formalidad. Leí algo de él
en el año 89' y me pareció una narrativa vital, mágica y muy pesimista.
En “Luna de agua” hay algo que llama poderísimamente la atención, sus
personajes parecen ser extraídos de una descabellada realidad, inimaginable
e inverosímil, o salidos de una truculenta imaginación. Personajes
soterrados en la más alta indigencia y desventura humana. Desencajados,
infelices y misérrimos. Indudablemente seres desencantados de este bendito
país y arrastrados por la indiferencia y la postergación; así como desolados
por el destino en mucho de ellos incierto.
¿Dónde está la importancia de la obra, si sus personajes son guiñapos
humanos? Sin lugar a dudas hay varios aspectos muy significativos en esta
selección de cuentos. Wilmer, como escritor contemporáneo refleja en la
obra, la angustia del hombre siglo XXI. Lo hace a través de un lenguaje
sencillo y popular. Plantea una excelente técnica literaria y una enrevesada
trama que hace de éste, un trabajo no apto para lectores pasivos, sino para
gente acuciosa que escarbe y encuentre en las expresiones de Rojas, el
sentir humano, pues si hay una virtud que señalar en él, es su sencillez y
su originalidad. El propósito de estos cuentos es el de contar de la manera
más honesta la vida: conflictos, aflicciones, algunos amores, inmolaciones,
hambres y la angustiada muerte.
“Luna de agua”, es un libro sencillo que nos aproxima a la realidad de la
vida, al dolor humano. “Luna de agua”, es la búsqueda de la tranquilidad, de
la felicidad y el cese de muchas angustias del hombre del presente milenio.
“Luna de agua” es salir de la oquedad de la noche y encontrar la luz de la
felicidad.
Enrique Álamo Franco |