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Letra:
Enrique del Carmen Ramos
Música:
Rubén Quevedo
CORO
Ayavaca,
del sueño despierta,
que
te impide al progreso mirar;
abre
el sol del trabajo tu puerta,
y
alza, en noble combate, a luchar.
ESTROFAS
Tus
dominios son bellos, Señora,
y
en tus cumbres y llanos sin par
la
riqueza de un mundo atesora,
que
en un solio te llama a brillar.
Si
tus campos de verde esmeralda
fruto
y mieses espléndidos dan,
de
tu sierra, en los senos y faldas
los
metales más ricos están.
Raudo
cruza la senda florida
el
venado; y altivo el león
da,
entre cedros, con lengua encendida,
de
tus bosques la alegre canción.
Y
el torrente que el agua despeña
dulce,
clara, plateada y audaz,
en
la calma del cóncavo enseña
la
sonora canción de la paz.
Brinda,
noble Ayavaca, a tus hijos
de
tus senos el jugo de amor,
y
en su dicha tan sólo estén fijos
los
de tus ojos de grato esplendor.
No
desate la negra discordia
lo
que pueda tu brazo anudar,
haya
paz, haya unión y concordia,
que
no exista quien llegue a turbar.
Del
pasado la noche se esfuma,
otro
día se mira brillar;
y,
ante el sol del progreso, la bruma
de
tu cielo se ve disipar,
ya
de hoy más, como un pecho anhelante,
por
tu gloria luchando estarán. |